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Lilian Arellano Rodríguez
In:
La crisis como crecimiento personal (Unidad I)
Las crisis como oportunidad de crecimiento personal

El término “crisis”, proviene del griego “krinein”, traduciéndose como separar, dividir, decidir, elegir…
Romano Guardini, profundo conocedor del alma humana, decía que cada etapa de la vida se caracterizaba por una crisis cuya superación, condicionaba el paso a la etapa posterior. Así, podíamos entender por qué algunas personas no seguían el camino de madurez propio de toda vida; sino se quedaban ancladas en la adolescencia o alguna otra etapa. Recuerdo haber leído que para los chinos, la palabra crisis tenía dos significados: quiebre y oportunidad…
El psicólogo C. Jung destacó el estado de alerta que se produce en una crisis. Tiene razón; cuando todo parece funcionar como es de costumbre, tendemos a comportarnos como es ya habitual, sin cuestionarnos, sin indagar. Es claro, si siempre pasa el bus por donde mismo, nosotros también, sin mayor preocupación, haremos lo mismo. Pero si una vez en el paradero, no ocurre lo que esperábamos, entramos en un estado de alerta, alarma, indagación… Se ha perdido una especie de continuidad de nuestra historia, para dar lugar a un hito, a un acontecimiento que implica una situación problemática que resolver.
Así, cuando estamos en crisis, sentimos que algo que parecía seguro, estable, se tambalea y nos lleva a una serie de cuestionamientos, dudas, incertidumbres… En un primer momento, tal vez nos acongojamos, porque no sabemos a qué atenernos. Debemos replantearnos nuestra vida y talvez la de otros; luego tomar decisiones, elegir un nuevo enfoque de nosotros mismos, de algún aspecto de nuestra existencia o de su sentido; a veces, cambia nuestra perspectiva, concepto o valoración de los demás o del mundo. Es claro que la crisis nos ofrece la gran oportunidad de crecer, de salir fortalecidos; pero tampoco es menos verdad, que implica un riesgo, pues podemos ser superados por la crisis en vez de superarla a ella.
Por supuesto, que dependiendo de la índole y gravedad del problema y de nuestra condición humana, podremos superar la crisis por sí mismos, o bien, requeriremos de ayuda de los demás. No es lo mismo hablar de crisis personales cuando se es niño, adolescente, joven, adulto o anciano; tampoco es lo mismo una crisis de identidad, que una crisis familiar, nacional o mundial; como también hay que distinguir entre crisis económicas, laborales, políticas, morales, religiosas, culturales, etc.
No cabe duda, entonces, que toda crisis lleva consigo un riesgo (la no superación y, consecuente decadencia) y una oportunidad (su superación y nuestro fortalecimiento). Superar una crisis implica, por lo tanto, detectar y saber cómo enfrentar los peligros o amenazas, el caos, lo insano, la violencia, lo aparente, lo superficial, un sin sentido que pueden estar incoados en una persona, un estilo de vida o moda, una ideología, una creencia, una instancia de poder, etc. Hay que distinguir entre lo que hay que salvar y atesorar y lo que hay que desechar. Las crisis nos exigen un mayor esfuerzo, dolor, separación, dejar atrás; pero para mirar hacia delante, con esperanzas de un mejor futuro, de construir. Implican un no dejarse estar; un no dejarse llevar; por lo mismo, requieren de nuestra persistencia, perseverancia, ingenio, amor y valentía. Superar una crisis es superar lastres de de mal vivir; implica purificar, limpiar, ordenar, vislumbrar. Por todo lo que una situación crítica requiere de nosotros, su superación exige no caer ni en el pesimismo derrotista o depresivo; ni en el optimismo ingenuo y desprevenido.
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